Literatura imposible 17 y 18

DOS ESCENARIOS PARA UN FANTASMA PLATINO

La Taberna

En la Linterna de los Ahogados los marinos se reúnen antes de partir. Beben y ríen, se retan y vuelven a beber. Mientras, colgada en el lugar de honor, la vieja foto de una Marilyn que murió hace mil décadas, parece mirarlos con su sonrisa de papel, como sacian su lujuria con las putas del lugar. Ellas encienden sus salados cuerpos como antorchas que luego apagan para que busquen, en la noche sin luna, esa muerte que los espera dormida en el vientre del mar…

 

Tiempo después, el último sobreviviente de aquellos ebrios marinos desembarca: desembarca su soledad, sus zapatos viejos, su sucia sal. Vencido se acerca a la taberna del lugar. Se sienta en la cojera de una silla, pide una bebida espesa, abre el saco que trae con él. El viento se olvida de pasar. El hombre saca una caja de habanos, una navaja y unos cerillos húmedos y salados como el mar.

El hombre está cansado. Vacía de un trago el espeso contenido del vaso, toma un habano pero no lo puede encender, los cerillos están húmedos… El hombre se abre de un tajo las venas y brota el espeso líquido que se bebió. Cae el habano… En la mesa queda el cansancio y los cerillos rojos con su humedad…

Y la vieja foto sonríe complacida. El viento no sopla… Se detiene el mar…

 

 

La Ciudad

AFUERA cae la lluvia, oscura, interminable. Lujuriosa recorre su cuerpo, su cara, sus manos.

Impregna de un sabor imperceptible la comisura de sus labios. Mario deja escapar la punta de la lengua para darle la bienvenida a su boca: La desposa con su saliva y deja que sutilmente le haga el amor.

Esa lluvia con ojos de niña asustada… pequeña como migaja de pan, que llora antes de nacer.

Y el padre que pudo haber sido sale a la calle pisando las notas del nunca jamás…

  

LEJOS, Irene recoge la lluvia de sus ojos y la guarda en una caja de zapatos junto a una cuna que espera también. Finalmente ha decidido no ir. 

  

ENFRENTE, Daniel deja su semioculto rincón y se aleja de la ventana.

Entra al baño. Se pregunta cuál será hoy la temperatura de esos labios. Ese pensamiento le excita. Hurga entre las sombras de la memoria hasta encontrar unos senos… Al terminar, en el fondo de la taza se depositan como cuerpos ahogados, las viscosas gotas que contienen los hijos que no tendrá. Luego se tiende en la cama y con el control remoto enciende el televisor. Se va perdiendo con la imagen de una rubia platino, la escucha hablar cada vez más lejos hasta que su conciencia termina de deshojarse como una margarita…

  

AFUERA la lluvia cae, oscura, interminable. Los gotones caen implacables sobre Mario que espera. Se frota las rodillas heladas bajo la tela empapada para hacerlas entrar en calor. El esfuerzo es inútil, las partículas de agua se adhieren a su cuerpo, como si miles de pequeñas lenguas lujuriosas buscaran ahogar cada poro de su piel. Él, cansado, piensa en ella por última vez.

 

…Porque te descubrí y me descubriste con un poco de cariño y otro tanto de odio,

porque descubrí tu piel como un explorador

y tu me cubriste al descubrirme entre tantas personas cojeando a media calle con un bastón roto

Tú fuiste mi primera persona

siempre, después de tí, yo…

 

Seguro todavía la ama, como ama la lluvia; pero esta noche ambas han sido crueles con él. Sí, la ama, que duda cabe, ama a Irene, como podría amar al hijo que lleva en sus entrañas. Si no, para qué venir, para qué dejarse besar por la lluvia. Es sólo que todavía no está preparado, por qué no entiende que a veces lleva tiempo aceptar… Pero ella no llega ya.  

  

ADENTRO, la mujer que lo observa desde hace días finalmente se decide a abrir la puerta e invitarlo a entrar. Mario duda un momento y finalmente acepta. Beatriz lo introduce a la recámara, le quita lentamente cada prenda. Lo acaricia detrás de los muslos. Mario cierra los ojos y piensa en Irene. Beatriz enciende una luz, pequeña, como de linterna. Descorre la cortina y busca en la ventana que hay enfrente una silueta familiar. Daniel está ahí, casi imperceptible, apenas lo suficiente para hacerla sonreír. Sensualmente Beatriz se desnuda al ritmo de la lluvia. Mario le aprieta los senos, le muerde el cuello, deja escapar la punta de su lengua para darle la bienvenida a su boca, respira en su oído. De pronto su mano se posa en el vientre y comienza dolorosamente a recordar:

…Porque descubrí tu piel como un explorador

y tu me cubriste al descubrirme entre tantas personas cojeando a media calle…

Voltea hacia la lluvia y un movimiento en la sombra lo llena de vergüenza. Toma su ropa mojada, se viste y sale a la calle sin mirar atrás.

 

ENFRENTE la sombra apaga sus ojos de linterna y se aleja de la ventana…

 

ADENTRO, Beatriz se incorpora lentamente y con mano vacilante enciende el televisor. Mira la vieja película de una rubia platino y siente que su vida es una mierda. Luego va a la ventana y en la oscuridad busca la silueta de su hermano… No hay nadie ya.

 

AFUERA la lluvia no deja de caer…

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