Breviario del miedo XXII

Obsesión

Hoy estoy cargado de muerte…

La ursuela de Thanatos ha caído sobre mis pestañas y sólo cadáveres miro atravesar por la avenida. Hoy me nace un niño ahogado en cada palabra… Y me tengo que enterrar el lápiz con que escribo a la mano izquierda, desde el hueso a la mesa para no escapar, para obligarme a seguir escribiendo en esta noche tan especial…

Te saco del armario y a mordidas engullo la lengua que una vez fue tuya: me lleno de tí. Luego, ya en calma me preparo un café y te miro mirarme, con esos ojos llenos de terror que me envician, y quisiera devolverte la lengua para saber que piensas, para ser cómplice de tu locura: ese rectángulo negro donde te he condenado a morir…

Entonces algo llama mi atención:

El brillo de la navaja, la sombra del polvo que se mece en tu nariz enterrada y tu mano inmóvil al centro de la habitación. Esa visión me regresa como el olfato de un perro púrpura que carcome la llegada de un rostro, rostro vestido de luna.

Yo me siento y espero, espero que levantes el vuelo, que salgas de tu letargo y te eleves del pedazo de carne que todavía se aferra a tí…

Por eso lo he hecho, porque para nadie nunca serás tan especial. Por eso me he comido tus ojos; por eso me cuelgo las uñas de tus dedos: Para recordarte en toda tu grandeza, para salvarte antes que las hormigas no dejen restos de ti… Porque a mi modo también te amo, porque a mi modo ESTO hay que hacer cuando se ama… Porque seguro Dios también odiaría verte envejecer…

 

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