Breviario del miedo XXIII

Parábola

Las doce y sin perros; sin fumarolas vistas desde un televisor. Sólo las doce de la noche, otra vez, puntualmente… con esa puntualidad característica de los relojes.

Afuera las sombras pasean libres sin sus dueños. Una pareja de sombras atrevidas escala una pared y reflejadas sobre un tinaco se entrelazan a ritmo de vals.

Más allá la luna, el ojo tuerto de Dios, observa impávida, fría, sin pestañear, como a lo lejos en la Tierra dos malvivieres balean a un judicial. El judicial tiene familia, tal vez era el último tira bueno en la ciudad. Ahora sus hijos quedan sin nadie, crecen en las calles, se pierden: se vuelven maldicientes. Una noche cualquiera se drogan, atracan una vinatería y justo a medianoche balean a un judicial…

La luna no pestañea. Los gatos suben a una azotea y con el viento nocturno, justo frente a un tinaco, comienzan un vals…

 

Post a Comment