Breviario del miedo XXIV

Bonzo

A su salud, señor Bukowski

Todavía en el sopor del alcohol te cubres la cara con papel de baño; vuelta tras vuelta lo enredas sobre la cara picada de viruela y después vas cortando finalmente el papel con una navaja de rasurar, pero debajo ya no queda nada, sólo el vacío. Luego sales sin cabeza y espantas a las ancianas, que en su huída son atropelladas por distraídos taxistas que ni las voltean a ver.

Entonces apagas el radio y el sueño queda a la mitad: Los cortineros vuelven a ser de metal oxidado; las botellas se rompen al caer y tú te cortas la lengua con los cristales al lamer el líquido del suelo. Abajo sigue el perro obsesionado con los aviones y les ladra y brinca queriendo morderlos… Tú encuentras tu encendedor y te prendes fuego mientras en la pantalla la película acaba de terminar. Y se quema la casa y tu cuarto como el sueño de bonzo. Ya no alcanzas a ver la mano clavada a la mesa que en tu visión fue la improvisada cruz: Jesucristo que no resucitará al tercer día, nadie asistió a tu funeral. Si algún día despiertas de tu sueño, no olvides meterte al baño y enredar tu cabeza con papel.

 

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