Breviario del miedo XXVI

En aquella grieta que se ve abajo del carrusel habita un enano al que llaman Tiovivo… Tiovivo es un viejo que adivina la suerte… La suerte que sube y baja de la gente… Gente que se niega a mirarse al espejo…

Esmeralda nació una noche de eclipse lunar, por eso su mente se revolvía entre la locura y la razón… Como la marea: subía y bajaba siguiendo la luna. Y yo la miraba crecer y desvanecerse contra unas rocas que no existían. Porque yo también odiaba mirarme al espejo. Porque odiaba mis ojos de sol eclipsado tanto como amaba los ojos de mar de Esmeralda.

Por eso un día me asomé a la grieta y llamé al viejo Tiovivo, por eso le pregunté de este torturado amor. Pero el viejo no tuvo que adivinar porque se había apoderado de la pleamar de mi adorada Esmeralda; porque había leído su suerte y sabía que era la misma de él. Por eso ambos me miraron y sonrieron mientras su sangre me escurría por la cara, esa cara que miré por última vez en el espejo antes de arrojarme al mar.

 

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