Democracia y derechos humanos, pilares de la civilidad

“Sostengo que cuanto más indefensa es una criatura,
más derechos tiene a ser protegida por el hombre
contra la crueldad del hombre”.
Mahatma Gandhi

Por Antonio Yelpi Aguilar*

Cuando hablamos de los valores de libertad, léase libertad integral, política y económica,  respeto por los derechos humanos y el principio de celebrar elecciones abiertas e informadas mediante el sufragio universal, pareciera que habláramos de una constante del sistema democrático, entendido éste como un valor universal. Ciertamente estos son elementos esenciales de la democracia moderna, misma que proporciona el medio natural para la protección y la realización efectiva de los derechos humanos en toda su extensión.

Los valores de la libertad ayudan clara y objetivamente al respeto y enseñanza de estos postulados, diversifican su conocimiento y coadyuvan en la valoración de la civilidad y la comunicación social. Nuestra América Latina sabe de expresiones pendulares donde la libertad económica ha sido obstaculizada y también exagerada en desmedida de la libertad política, el asunto es armonizar dichos postulados.  El nexo entre democracia y derechos humanos figura en el Artículo 21 inciso tercero  de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que establece:

«La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto».

De esta forma, el Estado democrático, donde se vive la libertad en todas sus expresiones es no sólo un derecho básico, es quizás el producto más acabado del constitucionalismo moderno, el lugar común donde los derechos humanos de los ciudadanos y la red de organizaciones que forman la sociedad civil pasan a ser raíces para una sana convivencia social. La democracia es un régimen político destinado a asegurar el gobierno del pueblo, cuya voluntad debe expresarse siempre mediante mecanismos que garanticen al mismo su participación. La relación de este binomio debe configurar ciudadanos con derechos pero también depositarios de obligaciones conforme a los principios de igualdad, libertad, pluralismo y  tolerancia, a saber:

  1. Todos tienen el derecho a participar en el gobierno de su país, en forma directa o por medio de representantes libremente elegidos.
  2. Todos tienen el derecho a la igualdad de acceso a los servicios públicos en su país.
  3. La voluntad del pueblo debe ser la base de la autoridad del gobierno; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse en forma periódica, por sufragio universal e igualdad y que se realizará por voto secreto u otro procedimiento equivalente de libertad de voto.

Así los derechos humanos son la mejor expresión de todos los valores que caracterizan a un sistema político democrático. Mientras el constitucionalismo norma los procedimientos, deberes y garantías para la práctica de la democracia en un Estado de derecho, binomio no siempre activo en muchas democracias; tampoco claramente se trata de una receta que debe ser calcada, dependerá de las condiciones políticas y constitucionales de cada actor estatal y gobierno, su idiosincrasia nacional y su relato histórico, muchas veces dinámico y acelerado.

Los alcances de la democracia

La dimensión sustancial de la democracia, en consecuencia, no se refiere a procedimientos y elecciones solamente sino al contenido del régimen democrático y sus alcances, tanto a nivel pasado como futuro. Entonces, la concepción auténtica de democracia debería estar respaldada por las normas de derechos humanos, las que corresponden al ámbito civil y político, así como las que corresponden al ámbito económico, social y cultural, según el principio de la universalidad, interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos como un principio fundacional. Donde la igualdad y la inclusión son aspectos determinantes.

Hoy por hoy, la interacción entre los derechos humanos, la democracia y la globalización ha convertido estos en ingredientes del desarrollo; ámbito considerado como fundamental para el aseguramiento de las mayores cuotas de bienestar social. Cualquier actividad del ámbito público o privado tiene notables repercusiones en la garantía de los derechos humanos fundamentales, ni hablar de aquellas emanadas de los poderes del estado y la capacidad de los gobiernos, empresarios y trabajadores.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha destacado una relación directa entre el desarrollo y la calidad de proceso de gobierno y su relación directa con el ejercicio de los derechos humanos sociales, económicos y culturales, el cual se identifica con la gobernabilidad democrática. En este proceso, la reforma del Estado en general pretende devolver al sector público su rol preponderante en el desarrollo restituyéndole una serie de funciones consideradas básicas para que las cumpla de forma eficiente, eficaz y en equidad. Identificando el fenómeno de debilitamiento del Estado de Derecho y el mal funcionamiento de las instituciones públicas como las causas principales de los altos costos sociales de las políticas económicas implementadas en los noventa que estaban encaminadas hacia la apertura y la liberalización económica, donde ciertamente chocaron derechos humanos y sustratos democráticos.

Tensiones y contradicciones

En la actualidad existe un claro consenso en torno a la idea de circularidad e interdependencia entre los regímenes democráticos y la vigencia de los derechos humanos, sin embargo, se considera que los primeros son condición para el ejercicio de los segundos y, a su vez, que éstos se encargan de fortalecer la estabilidad democrática, misma que se transforma en sustrato básico del desarrollo y el bienestar. Sin embargo, la aparente obviedad de esta idea nos hace olvidar que esta relación siempre ha estado atravesada por tensiones y contradicciones, para ejemplos miremos el barrio, la Venezuela Chavista Madurista, la presente crisis tras los gobiernos llamados progresistas en la Argentina reciente, los ajustes y cambios de timón en Ecuador; el despegue económico de Perú mas allá de sus crisis políticas y, por cierto, la madurez y solidez de la economía chilena.

A lo largo de los años, la UNESCO ha venido participando en múltiples debates sobre la “democracia” y el “desarrollo”, pero hasta hace poco no se había investigado a fondo la relación existente entre ambos temas, claramente aquí hay una oportunidad y una invitación. En suma, la democracia es un sistema por el cual la sociedad en su conjunto puede participar en todos los eslabones del proceso decisorio y, de esta manera, fiscalizarlo. Se basa en el pleno respeto de los derechos humanos definidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Pactos y la Declaración de Viena de 1993. La promoción de esos derechos, junto con el respeto de las diferencias y de la libertad de expresión y de opinión, constituyen requisitos esenciales para el desarrollo y la convivencia social.

*Antonio Yelpi Aguilar es consultor y directivo de la Fundación Global África Latina.
Foto: Pixabay.

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