El reemplazo de los F-5 de la FAM

Una discusión ha tomado vuelo en fechas recientes. Tiene que ver con el reemplazo de las aeronaves que integran el Escuadrón de Defensa Aérea 401 de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), algo que no ha sido definido por el alto mando de la dependencia.

Pocos temas como este, atraen la atención de un público tan diverso, que lo mismo expresa su opinión a través de redes sociales que en blogs de aficionados al mundo de la aviación, por no mencionar espacios especializados. Todos han participado, de una u otra forma, en la discusión.

Los tigres mexicanos

El F-5 fue el primer caza supersónico en servicio en la FAM y el tercer jet en prestar servicio en la institución. Sus predecesores tuvieron historias disparejas.

El primer caza a reacción de la FAM fue el De Havilland Vampire que sirvió a esta arma pocos años durante la década de los años 60.

De Havilland Vampire, escuadrón 200 de la FAM.

En paralelo, se adquirió un lote de T-33, aviones de entrenamiento con ciertas capacidades de ataque al suelo y combate aire-aire, el cual llegó a equipar hasta 5 escuadrones aéreos hasta su concentración en el Escuadrón de Defensa Aérea 402 con base en Ixtepec, Oaxaca, el cual actualmente está equipado con Texan T-6C luego de la baja de los también conocidos como “Tetras” o T-birds el sexenio pasado luego de más de 40 años de servicio.

Los primeros jets de combate de la FAM fueron aeronaves obsoletas para el tiempo en que fueron adquiridas, compradas de segunda mano y lejos de representar una respuesta acordé a las necesidades de control del espacio aéreo mexicano.

T-33 de la FAM.

Es así que en 1982 se adquieren directamente a Northrop —hoy en día Northrop-Grumann—, 12 cazas F-5 tigre II, 10 monoplazas serie E y dos biplazas F-5F, convirtiéndose en el primer caza de la Fuerza Aérea nuevo, supersónico y con capacidad de combate para cubrir buena para del territorio nacional.

Desde esa fecha, si bien han recibido algunas mejoras, como las de sus sistemas de navegación, en realidad los cazas no han sido modernizados como ha sucedido con los ejemplares que operan para fuerzas aéreas como la brasileña o la chilena.

Además, dos accidentes —el más grave en un desfile por el 16 de septiembre en el sexenio de Ernesto Zedillo—, redujeron la flota de tigres mexicanos a 10 unidades.

Actualmente, sin un plan de modernización y una disponibilidad de vuelo reducida por falta de refacciones y mantenimiento, se calcula que sólo 4 ejemplares están en condición de vuelo.

Durante el sexenio pasado, el titular de Defensa Nacional, general Guillermo Galván Galván, declaró que se consideraba la posibilidad de reemplazar los F-5 con cazas F-16 Vipers, por lo que muchos consideran a este último aparato como el sucesor natural de nuestros tigres.

Pero al cambio de sexenio, y con el diagnóstico de que una parte de la flota tenía que ser reemplazada por llegar al límite de su vida operativa, poco se dijo del reemplazo de los cazas de la FAM.

En la actual administración, han llegado a nuestra Fuerza Aérea más helicópteros UH-60 Blackhawks, AS 725 Cougar y más de 50 aviones de entrenamiento y ataque ligero T-6C Texan, así como aviones de transporte, pero nada de un reemplazo de los veteranos cazas de combate.

F-16.

En estos momentos, la FAM carece de capacidad para interceptar un jet ejecutivo que viole nuestro espacio aéreo, ya sea usado para contrabando de droga o para traer terroristas o sicarios de un cartel extranjero en ruta a Estados Unidos.

Las versiones, y apuestas, acerca de la llegada de cazas rusos Su-30 o Yak 130, suecos JAS 39 Gripen, surcoreanos T-50 o estadounidenses F-18E o F-16, se cimentan en el silencio oficial, abriendo la puerta a la especulación.

Es necesario que la discusión no se dirija únicamente a qué modelo de debe adquirir, sino también a que necesidades que involucren a la seguridad nacional deben ser contempladas, así como a la posibilidad de que se pueda dar una transferencia tecnológica que impulse a la industria aeronáutica nacional –basada principalmente en Querétaro–, para crear fuentes de empleo y reducir la dependencia del extranjero. De lo contrario, cualquier compra de material de segunda mano volverá a realizarse para una institución que merece más atención y respeto, considerando que la línea de montaje de los F-16 de Lookheed se encuentra a punto de cerrar, lo que significa que en caso de que se decida por este aparato, regresará la política de adquirir equipo ya usado por otra fuerza aérea.

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