Mas vale maña que fuerza: el desafío mundial

La teoría de la conspiración suele ser muy atractiva, especialmente cuando se trata del destino del mundo. Bibliotecalle salió a las librerías populares, esta vez en las afueras del Metro Hidalgo, donde se vendía en un empolvado anaquel el libro “El desafío mundial”, de Jean Jacques Servan-Schreiber, escritor francés dedicado al análisis geopolítico y sus efectos en la sociedad moderna.

Jean Jacques Servan-Schreiber.

El libro es un despliegue de ideas y narraciones que muestra diversos mapas del poderío mundial. Por una parte, un cartel poderoso en dominio del líquido más importante del mundo: el petróleo y por otra, el despegue de naciones como Japón que encontraron una solución a su desarrollo pese a los reveses de la guerra y las imposiciones del Occidente estadounidense. De entrada, este analista galo nos deja ver el lujo de las delegaciones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), durante sus constantes e itinerantes reuniones. Jean Jacques expone al séquito de “colegas e invitados que llegan de las capitales del imperio del petróleo”. Todos a su manera, con traje a quienes provienen de los países occidentales y con atuendos tradicionales a los representantes del cinturón energético árabe (Libia, Teherán, Kuwait, Argelia e Irak). Todos con la firme voluntad de presentar una estrategia que contenga el poderío de naciones como Estados Unidos a través de sus Siete hermanas o siete empresas petroleras que controlaban hasta 1960 el destino del fluido negro.

“Diez aviones de reacción particulares aterrizan sucesivamente: con los ministros del petróleo. Unos automóviles cerrados se detienen ante cada aparato y parte después a toda prisa”, se refiere a la reunión de la OPEP en Taif, Arabia Saudita en 1978. Llama la atención la presencia de Juan Pablo Pérez Alonzo, ministro de Petróleo de Venezuela, quien por cierto fue el fundador de la idea de crear a la OPEP. El era el primero en levantarse para atender las sesiones en las que se definiría el nuevo destino del mundo: un cartel energético que ponga de rodillas a Occidente y que lo obligue a apostar más por el entonces llamado Tercer mundo, también conocida como la sección de los pobres.

Al momento en que Jean Jacques escribió el libro, el mundo se convulsionaba entre una multiplicidad de hechos históricos que le daban cuerda a la ruleta del poder: el debilitamiento económico del sistema industrializado, la revolución de Irán y la cercana caída del sha, la baja del dólar y, por ende, del precio del crudo, siempre determinado por la divisa verde. El final de los setentas sacudió al mundo como nunca. El problema palestino dejaba en claro las dificultades que encontraría Occidente en Medio Oriente para proseguir con su hiperdesarrollo. “Los países “ricos” han alcanzado el límite de su desarrollo. Y esta comprobación les era insoportable”, escribió el autor al respecto. En cuanto a los países pobres, están en peligro de naufragio. Las divergencias ideológicas y los múltiples conflictos del Tercer Mundo se esfuman ante esta nueva realidad general: el hundimiento en una miseria absoluta. (…) Más de 120 países con merma de inversiones y al borde de la bancarrota, estudian la manera de declararse en estado de suspensión de pagos”… Tal es, en los albores de los años ochenta, el estado del mundo. Es, en sentido estricto, un mundo intolerable. Y no será tolerado”, aseguró Jean Jacques.

Dentro de este panorama, nos presenta una interesante estratagema ideada por Estados Unidos. Arabia Saudita, el país más rico en petróleo siempre prefirió mantenerse cercano a Washington y evitar al país de los soviets, del que decía que sólo representaba problemas políticos y movimientos extremistas, nacionalistas y revolucionarios. Irán, el poderoso rival del reino saudita, también estaba en una posición semejante, donde el sha se mantenía ligado a la Casa Blanca. Al igual que Riad, a Teherán no le gustaban las revueltas populares, en las que también veía la mano de Moscú.

Ya vimos que la OPEP fue creada para presentar una fuerte oposición a los deseos de Estados Unidos, para regularle el suministro del crudo y para establecer su propia cotización con base en la producción de barriles. Quienes piensen que la política es sólo cuestión de saber cómo negociar, no tienen ni la menor idea de lo que están hablando, pues la negociación es sólo la parte del iceberg que flota en el mar de la codicia.

Es la guerra vista como un medio político lo que le da a un país el poder o la posibilidad de controlar situaciones. Según Jean Jacques, Washington sacó provecho de esta cercanía a su ideología occidental y del alejamiento que tanto Arabia Saudita como Irán preconizaban contra la influencia la Unión Soviética la cual, por cierto, tenía conocimientos más precisos sobre el Medio Oriente que los norteamericanos y, por lo tanto, sus decisiones en la región eran pasos bien dados. Esto seguramente porque es su zona natural.

Washington logró usar en un momento de gran necesidad que este apego de las dos naciones petroleras más grandes se unieran a su favor, brincándose a la OPEP y el embargo contra los países occidentales. Teherán logró convencer a Libia de dotar petróleo de buena calidad a Estados Unidos y Europa.

Así lo escribe de hecho.

“Irán y Libia no dejaron en momento alguno de enviar sus barcos petroleros, llenos hasta los bordes y con un ritmo acelerado, a los puertos de Europa y de América. Durante semanas, Teherán y Trípoli ganaron incluso con las compañías que les explotaban y dirigían, nuevos e importantes mercados. América, agradecida, vio en esto una nueva justificación de su alianza con el reino de Arabia. Una alianza preconizada y concluida con el pleno éxito en el curso de la primera y última que sellarían en una unión que habría de renacer”.

“Los Estados Unidos, vencedores y amos del mundo, Arabia, convertida en Saudita, se habían considerado entonces como mandatarios del destino para construir con sus fuerzas unidas, la segunda mitad del siglo. Y lo que vendría después”.

En resumidas cuentas, Washington ayudó a Irán a concretar su revolución nacionalista musulmana derrocando al sha Mossadegh en beneficio de Reza Pahlevi, mientras arrastraba a Saudiarabia a la “gran aventura económica de todo el Occidente; habiendo mantenido a Libia en la lista de los clientes seguros, América podía presenciar la impotente marcha a la deriva de los países del petróleo. Una vez más Occidente había sido más astuto y más fuerte”.

Este doble juego expuesto por el escritor francés, quien por cierto, fue fundador del diario L` Express, fue una prueba de que la fuerza de Estados Unidos radica en muchas fuentes y se coordina de manera pasmosa. Por una parte, logró en momentos críticos para su economía crear una alianza con dos acérrimos enemigos. Prometió a Riad influir en el sha para que no subiera el precio del petróleo, mientras dejaba al monarca iraní las manos libres para hacerlo, pues era la única forma de que pudiese pagar la enorme cantidad de armamentos adquiridos a Estados Unidos con los que Teheran buscaba asegurarse una posición estratégica en el Golfo.

Jean Jacques Servan-Schreiber, “El desafío mundial” (Le defí mondial), 376 pp. Editorial Plaza & Janes. 1980.

Adquirido como se ve en la foto intermedia en $20.00 pesos (no regateado).

 

 

 

Comments

  • Sergio Yovi
    21 octubre, 2018

    Como dijera una señora muy querida “Sacco y vansetti”. Excelente

Post a Comment