LA PERRA

Capítulo 3

“Dios sólo existe en los ojos de los perros, y los perros en su sumisión pueden llegar a construir ciudades y templos, altares e ídolos para este Dios Perro. Pueden morderse unos a otros hasta matarse por este Dios.
Yo mismo he sido uno de ellos, un lindo perrito sin lengua y sin ojos. Un animalito que movía la cola por instinto, que por un par de huesos o una caricia en el momento indicado podía regalar su destino y convertirse en la más fiel mascota de cualquiera. Pero hasta un lindo perrito se puede revelar cuando su dueño lo olvida durante mucho tiempo en el traspatio de la casa, cuando la noble bestiecilla es dejada sin alimento por años. Eso me sucedió a mí, sólo que después comprendí que no era que el Dios Perro me hubiese olvidado, es sólo que hasta el Dios Perro debía de morir en algún momento y ese momento llegó. Los lindos perritos lo asesinaron, lo mataron de indigestión, le dieron tanto para alimentarlo y él, que no podía despreciarlos, se hinchó y acabó por explotar. Y aún así, los lindos perritos lo seguían alimentando, echaban y echaban alimento a esa mancha podrida que era Dios… Y esto ha seguido por los siglos de los siglos. Entonces fue que comprendí por qué el Dios Perro me dejó tanto tiempo aislado de los demás. Entendí la misión que me encomendó. Yo debía convertirme en el instrumento con el cual Él mandaría su mensaje. Yo debo hacer que los perritos sepan que el Dios Perro ha muerto para que lo dejen de alimentar. Y que se den cuenta que ha llegado el momento de la terrible soledad. Ahora deben convertirse en animales grandes, animales que deben valerse por sí mismos para sobrevivir, como Él hizo conmigo. Por eso los animalitos débiles deben desaparecer, no deben obstruir el desarrollo de los demás. Ahora ha comenzado el nuevo ciclo de vida y sólo deben estar los que tengan condiciones para ello. Eso es lo que el Dios Perro me enseñó. Esa es mi misión y eso es lo que haré, buscaré a cada perrito que no tenga la fuerza suficiente y acabaré con él…

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