LA PERRA

Capítulo 4

El Dios Perro se levantó sin sentir que respiraba, sin saber siquiera de que lado del cielo salía el sol.

Sólo para continuar, sólo para darse cuenta que esa trinchera era el fin del mundo.

Entonces obligó sus ojos a que inventáran el universo.

Obligó a sus labios a decir un nombre que no habían pronunciado jamás.

Y pese a todos sus esfuerzos volvió a recostarse en el suelo para tratar de recordar.

 

Entonces llegó el viento y le hizo tragarse sus palabras y vinieron los lindos perritos para devolverlo a su oscuridad.

Y todos ellos juraron sobre su tumba que lo violarían mil veces antes de desgarrar su vientre. Y el Dios Perro se refugió en el rincón más lejano de su trinchera, temblando como un niño, maldiciendo todo aquello que creó.

Y buscó en esa noche sin ojos un último nombre. Entonces naciste tú, huérfano de Dios y de los hombres. Tú que llegaste para ocupar su lugar.

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