La Perra

CAPÍTULO 1

Todo fue de improviso, ni siquiera se detuvo a pensar en ellos un momento, iba en el vagón y los vio. Eran como los demás; lo que llamó su atención fue que voltearon a mirar al anciano que viajaba solo en el asiento de enfrente y comenzaron a cuchichear entre ellos. Para cualquier otro eso no tendría ningún significado, pero no para él. Cuando se tienen tantos siglos de ser un depredador se aprende a reconocer a la víctima adecuada hasta en los más insignificantes detalles. No había duda, eran ellos. Su mente comenzó a calcular a toda su velocidad y antes de salir del vagón, unos cuantos pasos detrás de ellos, ya no existía la menor posibilidad de error…
Tal como estaba previsto los cazadores siguieron al viejo a una distancia pertinente y sin que se percataran, él los seguía a ellos estudiando cada movimiento. “Es decepcionante como los aficionados se delatan a cada paso. “Si todos se detuvieran a reconocer las actitudes de estos miserables cuando van a atacar: los nervios, el andar precipitado, pero sobre todo las miradas, si cada uno aprendiera a prestar atención en las miradas, sería imposible ser sorprendido”. Pensó.
Esperó a que lanzaran su ataque. Llegaron a un callejón y se abalanzaron sobre el viejo, quien no tuvo ninguna oportunidad. Esperó a que terminaran su rapiña y cuando se alejaban del cuerpo inerte, sin que pudieran casi darse cuenta, sonó un disparo y cayó el primer cuerpo.
Aproximadamente media hora después, la policía encontró el cuerpo de un anciano, tres cadáveres irreconocibles y un mensaje en la pared del callejón:
Tres lindos perritos salen de caza:
Al primero lo veo
y afino la puntería
para dar justo en el brillo de su ojo derecho.
El segundo me lo tomo con más calma:
Saco el escalpelo
y lo empiezo a teñir
con un hermoso rojo marrón.
Al tercero,
lo recibo caluroso en el Templo
y murmurando su plegaria lo dejo arder.
YO SOY LA PERRA
­-la frontera de su felicidad.-

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