Literatura imposible 13

Jacinto Soledad

 

Cuando quiero cerrar los ojos y lanzarme al vacío infinito, siempre surge la interminable presencia de tus ojos para detener mi caída. Será que no logro desprenderme de la tenaz e insoportable locura de tu mirada, que me sigue aún en este vuelo. Será que la muerte también lleva tus ojos y llevo años dentro del ataúd.

 

Pensó en aBentar sus cacles desde la azotea, nomás para ver como Bolaban, nomás de puro coraje, porque ese día el Berde de la bandera se le antojó más Berde que las paletas del carrito, que los sigas del semáforo, que el suéter de los niños de la secundaria, pero no más que los ojos de Aimaraní. No había nada más Berde que los ojos de Aimaraní… Y ahí iban un cacle pegadito al otro, como correteando al Biento, como los pájaros que son bonitos, porque son las aBes de la ciudad. Eso decía su abuelo beto, que los pájaros son bonitos porque BiBen en la ciudad, igual que los niños, que reBolotean y hacen harto ruido, como pajaritos sin alas. Pero siempre que le decía a su abuelo beto que él quisiera Bolar un día, su abuelo Ωeto se le quedaba nomás mirando y le decía que no, que los niños no podían Bolar porque no tenían alas. Él quería mucho a su abuelo beto porque siempre lo cuidó desde chiquito y sabía que su abuelo beto sabía mucho, pero pensaba que en eso estaba equiBocado porque los globos no tenían alas y también sabían Bolar. Y además eran Berdes, los que eran Berdes, porque había otros que eran grises como todo lo demás que no era Berde. Había muchas cosas que eran Berdes, claro que había más que nomás eran grises, pero la bandera y los árboles… y los taxis y los peseros y un montón de anuncios y Bentanas también eran Berdes. Pero lo más más Berde eran los ojos de Aimaraní.

 

 

Aimaraní ya iba en la secundaria, era mayor que él que apenas iba en cuarto con los otros niños especiales. Pero eso a él no le importaba, porque era el más grande de su grupo aunque no supiera diferenciar muy bien las bes. Y además Aimaraní siempre le sonreía con la risa Berde de sus ojos, porque Aimaraní no sonreía con la boca como los demás, Aimaraní siempre le sonreía con los ojos. Por un momento dejó de Ber sus cacles para Boltear a donde un aBión Bolaba orgulloso dibujando su sombra en los edificios y recordó el dibujo de su libro, ése del hombre que tenía alas en los zapatos, y sonrió al pensar que cuando sus cacles se acostumbraran y perdieran el miedo de Bolar, él, que pesaba menos, iba a poder alcanzar ese aBionzote para subirse sobre su ala. Para enseñarle a todos que él no necesitaba alas para Bolar. Entonces Bio lo cerquita que estaba del suelo y pensó que mejor hubiera aBentado primero sus cacles para que fueran aprendiendo a Bolar sin el peso de su cuerpo y ya después, cuando hubieran aprendido ya hubiera brincado él también. ¿Pero qué tal que si ya que hubieran aprendido no querían regresar?, como los pájaros que encontraba tirados bajo los árboles. O ¿qué tal si había otro niño más rápido que lo estuBiera espiando y los agarraba antes? como ese niño que había Bisto a la salida robándole la sonrisa Berde de Aimaraní. Ese pensamiento le dolió como si el niño le hubiera Buelto a pegar, como si BolBiera a oir a todos los otros niños grises haciendo bola a su alrededor gritándole tarado, tarado. Y Aimaraní cerrando sus ojos Berdes para no Ber su sangre…Aimaraní que al día siguiente enjuagó dos lagrimitas verdes cuando vio un zapatito medio escondido en una esquina, como pajarito que no aprendió a volar.

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