Literatura imposible 16

”Clavado en la tierra en medio del páramo un número. Gigante de piedra, solitario. Semejando una cruz sin brazos en medio de la nada. Su mohosa cabeza adoradora de la luna resiente el aire que lo erosiona. Erguido, alto, único. Esperando inutilmente otra figura que lo ayude a dejar de ser lo que es”.

 

Hoy Danilo subió a un metro repleto sintiendo cómo sus imágenes se escurrían más tristes que de costumbre. Solo en medio de la multitud se sintió un uno rodeado de cientos de otros unos que no se podían sumar. ”Hoy en la noche tengo que volver a desenterrar mi sombra” pensó mientras su cabeza giraba como rueda de tracción. Luego exhaló un nombre de humo y el recuerdo cayó como ceniza de un cigarro inexistente. ”¿Será posible que toda esta gente esté realmente ciega o será simplemente que no me pueden ver?”. En un momento al levantarse para bajar a la estación, su mirada chocó con la de una mujer. En ella le pareció ver, fue una fracción de segundo, un pequeño fulgor. Pero no, era sólo el brillo de una lámpara del andén que rebotaba en el vacío de esos ojos.

Al salir dejó por un momento de contar sus pasos para garabatear en otra pared cualquiera: ”Soy uno, pero me gustaría encontrarte para dejar de serlo, búscame”. Luego se perdió en las calles saludando aviones ignorantes.

 

En otra parte, los paramédicos recogían el grito atropellado de una mujer que en su incoherencia contestaba ”aquí estoy”.

 

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