Nostalgias 4

Corre, sus piernas ya no pueden más pero sigue corre y corre, como si huyera de toda la ciudad que lo mira silenciosa desde lejos como sigue en su loca carrera. Sus apresurados pasos lo llevan a un lugar donde las palomas alzan el vuelo cuando lo ven llegar. Hombres, mujeres, niños de ojos llorosos… niños sonrientes, perros flacos y gordos, casas blancas y de colores, todo es una inmensa escenografía que pasa en sentido contrario a gran velocidad.

Siente que el pecho le arde, abre la boca y da grandes bocanadas para respirar como haría un pez, pero en cada bocanada es como si respirara en vez de oxigeno el dióxido del aire. En su cabeza palpita el vértigo pero no piensa ni un segundo en parar.

El sol se dispone a ocultarse aburrido de contemplar su prisa. En su trayecto ha cruzado zonas que en otro momento ha evitado por temor, ahora eso es intrascendente, sólo le interesa continuar. Ya van tres veces que casi lo atropellan y casi tiene la seguridad que a la siguiente no se salvará, aún así no se piensa detener.

Un dolor muy agudo sube de su muslo derecho, él no piensa en ello, sabe que está cojeando pero no quiere pensar en ello. Sabe que ya a traspasado el límite de su cuerpo pero no quiere pensar en ello, sólo quiere seguir…

Los sonidos llegan hasta él como salidos de un radio mal sintonizado, incluso hay lapsos de tiempo que ni siquiera alcanza a oír, pero qué importa oír, huir… qué importa huir. ¡No! Su mente lo quiere traicionar para que se detenga, todo su cuerpo se amotina para hacerlo detener, ¡pero no! Hay una fuerza mayor que se impone y lo obliga a continuar.

El día de ayer parece tan distante, es como si al correr también se fuera alejando el tiempo pasado, llevándose los rostros, las palabras, los recuerdos. Ya nada tiene sentido en este momento.

De pronto un dolor lo frena en seco, como si se impactara contra un muro sólido, sabe que algo explotó en su pecho y sabe muy bien qué es. Con su último pensamiento trata de reconocer alguno entre los rostros que lo comienzan a rodear. Nada. La última brizna de razón le salpica en el rostro la idea de que pese a todo el esfuerzo no alcanzó a llegar…

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