Nostalgias 5

Carolina se hace un pedazo de silencio en el bullicio citadino para sentir en el pecho un poco de calor. Madre de un sueño sin fin. Amante perfecta de los espejos sin brazos, hija de las filas para pagar. En un descuido entreabre sus ojos adormecidos en el vaivén del Metro para fotografiar aquel ángel de traje café. En su mente mueve las manos y en el aire le hace el nudo de la corbata, luego, acomedida, le prepara el café. No despierta del todo por no dejarlo escapar. Pero la puerta se ha abierto y el monstruo naranja lo ha escupido al laberinto de la ciudad… Ahora Carolina no duerme más, aprieta las manos hasta clavarse las uñas semicomidas tratando de atrapar los pocos recuerdos que, desmadejados, se adhieren a los hombres que todavía la acompañan en ese viaje sin final.

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