OVNIS: una experiencia religiosa… o casi

Desde que Kenneth Arnold reportó, en 1947, el avistamiento de una formación de objetos voladores no identificados cuando sobrevolaba el monte Reiner, el fenómeno OVNI ha alcanzado una mezcla sorprendente de paranoia, ingenuidad y una que otra sorpresa.

Claro que tenemos que aclarar que la posibilidad de que haya vida inteligente que haya desarrollado una civilización capaz de viajes interestelares en el universo es totalmente posible. Que realmente nos hayan visitado está en el terreno amplísimo del veremos.

Y es que el problema que tenemos los humanos con este tipo de temas –como con muchos otros–, es que preferimos abusar hasta echar a perder la posibilidad a tomarlo con seriedad. Veamos.

En primer lugar, Arnold reportó una formación de objetos que parecían “cuñas”, pero un editor de una revista de ciencia ficción retomó la noticia y cambió las aburridas “cuñas” por platillos voladores.

En segundo, en la década de los años 50 las películas de Hollywood presentaron historias en las que una invasión extraterrestre se llevaba a cabo con platillos voladores –ahí tenemos de Francis S. Sears La tierra contra los platillos voladores, por ejemplo–, además de retomar la novela de H. G. Wells La guerra de los mundos.

Esto produjo que los avistamientos reportados por ciudadanos se dispararan en Estados Unidos, nación que ha reportado más que ninguna otra visitas de supuestas naves y seres de otros planetas, incluyendo las famosas abducciones –secuestros de humanos por alienígenas–, la más famosa de éstas, de Bety y Barney Hill, resultó bastante cuestionable.

En tercero, el gran evento de la ufología moderna, Roswell, mantiene áreas oscuras en su desarrollo como historia, al grado de que algunos de los involucrados han sido acusados de mentir, en tanto que vecinos cercanos al supuesto lugar en el que se estrelló un OVNI –un platillo volador por cierto–, fueron acusado de comprar terrenos para hacer negocio con las visitas de turistas atraídas por el fenómeno.

Y cuarto, tenemos el surgimiento de charlatanes que se han enriquecido a costa de la necesidad de creer de las personas. Quizá el caso más famoso es el de Ray Santilli, quien produjo la cinta en la que se presentaba la autopsia de un alien, soportada por una increíble historia del camarógrafo que tuvo en su poder los rollos de película por décadas para venderlos, finalmente, por unos cuantos miles de dólares, no millones –que fue lo que ganó Santilli y compañía– con la evidencia de que vida proveniente de otro planeta nos visitó, aunque sea por accidente.

Los cuestionamientos de científicos, el hecho de que nunca permitió que Kodak analizara un fotograma de la película y que el mismo Santilli reconociera que se trato de un montaje, dan muestra que puede más nuestra necesidad de aprovecharnos de un tema que cuenta con una legión de personas interesadas, para sacar dinero.

Pero entonces, nos debemos preguntar, ¿todo el fenómeno OVNI es falso? Como dijera el poster del personaje de los X-Files, Fox Mulder, “quiero creer”, pues –como afirmara Carl Sagan– la posibilidad de que exista vida en alguna de las miles de millones de estrellas que existen en el universo es posible. Esto ha provocado que todo lo relacionado con los OVNIs se convierta en un acto de fe, pues a falta de evidencias sólidas sólo nos queda creer en que alguien de otro mundo nos visita.

Así que lo único que nos queda es esperar, alzar la vista al cielo, no escuchar a los charlatanes y tener paciencia, muchísima paciencia. Quizá a nuestros hijos les toque ver la verdadera llegada de una nave extraterrestre para, finalmente, establecer el primer contacto. Sólo espero que no sea un platillo volador, sería decepcionante.

 

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