Please let me introduce myself…

Hace 50 años que los Stones decidieron pedirnos un poco de cortesía y simpatía por el diablo. Ese personaje que según sus propias palabras (en la canción) nos cuenta cómo desde Jesucristo y su momento de duda hasta el asesinato de los Kennedy a manos de todos nosotros, siempre ha estado ahí hablando a nuestro oído e incitándonos a obrar de acuerdo a su conveniencia. ¿Será que a 50 años, visto ahora comodínamente, lo hace a través de un smartphone o, como Trump, su esbirro más poderoso, incendia las redes sociales con la facilidad de un simple tuit? Tal vez ha logrado lo que en tanto tiempo fue su anhelo: hacer que desconfiemos y nos agredamos unos a otros escondido en un concepto tan básico como es el de ser diferentes: hombres y mujeres, sexual o económica, racial o religiosamente.

 

Bien se sabe. Aquella frase dice que el mejor truco del diablo fue hacernos creer que no existe. Nada más cierto en estos tiempos, al grito de igualdad las mujeres levantan un muro de género donde todo lo que dicen está justificado menos el hecho de que realmente pretendan igualdad. Lo políticamente correcto de pronto toma matices de cacería de brujas y repudia a todo aquel que no piense igual. Las redes sociales reviven constantemente aquello de la “Letra escarlata” con tal de conseguir seguidores. Y todo esto al parecer es por el bien de la humanidad.

habría que preguntarle a sus Satánicas Majestades si creen que en una nueva interpretación de su clásico, el diablo todavía estaría dispuesto a tan alegremente enumerar los sucesos que ha provocado en estos últimos 50 años por un poco de cortesía o tal vez simplemente por llevarse un “like”.

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