Resaca de Óscares

Como a la mayoría de los cinéfilos y amantes de la ficción, el terror y la fantasía que nacimos en este país, a mi también me dio la Del-Toro-manía y he dedicado no pocas horas en tratar de volver a degustar algunas de sus películas alumbrado, como los demás, por la nueva luz de saber que, ahora sí, la generosa Academia lo ha validado como un gran director que merece estar en la mesa de discusión de cualquier charla real o bloguera que se precie de estar al día… pues bien, luego de aventarme los tres episodios de su Máster Class en Guadalajara y un par de entrevistas españolas a razón de su triunfo en Cannes procedí a, como dije al comienzo, darme a la tarea de buscar sus filmes más sobresalientes para mirarlos con los ojos de quien lo hace por segunda vez.

Para mi sorpresa, descubrí que este repaso no ha sido tan fácil como pareciera: Netflix sólo me ha podido proveer de La Cumbre Escarlata (Crimson Peak. Usa-2015). En Claro Video intenté seguirle los pasos al Espinazo del Diablo, pero al parecer éste metió la cola ya que exactamente en el minuto seis con seis segundos marcó error las seis veces que lo intenté. El Laberinto del Fauno, pensé, me resultaría más sencilla de localizar ya que por ser una de mis películas preferidas la tengo repetida en mi colección personal de DVD. Para mi horror o error resulta que una de ellas está en formato Pal, región uno (Europa) y nunca me percaté porque el viejo reproductor de DVD era multiregión y ni se inmutaba en reproducirlo, pero no, ahora tengo el todopoderoso Blu Ray 3D HD, que no 4K, al que le ofende reproducir películas que no sean de la región 4 y se niega rotundamente.

Bueno, me dije, al fin para eso la tengo en edición especial americana… Sí, el problema es que cuando me dio el furor por el formato Blu Ray decidí que los humillados DVD se iban a las cajas y enterrada más allá del alcance humano quedó mi bonita edición especial del Laberinto. He de aclarar que aunque sea una de mis películas favoritas ya se me hizo un exceso hacerme de ella también en Blu Ray, habrá que replantearse eso. Afortunadamente uno siempre cuenta con un par de sitios apócrifos para degustar estrenos en línea y ahí sí, cumplidor mi pirata, me permitió disfrutarla en 1080 de resolución (no me siento culpable porque creo cumplí mi cuota de fan con el gordo al comprar las dos ediciones que ahora no me sirvieron para un carajo). Ante estas vicisitudes decidí ya no hacerle al valiente tratando de conseguir Cronos o Mimic, pero eso sí, La forma del agua hasta en usb la consigo.

A PROPÓSITO DE LABERINTO…

Hay un pasaje en la película que entre toda la genialidad pasa prácticamente desapercibido y, sin embargo, por alguna razón en esta lectura llamó mi atención: Luego de capturar y torturar a uno de los rebeldes el capitán comosellame (aquí me uno a la sentencia de Mercedes en que nadie recordará su nombre) lo deja a manos del doctor Ferreiro, quien sí merece ser recordado, a lo que por petición del Tarta, el rebelde, decide inyectarlo y poner fin a su sufrimiento. Cuando el capitán regresa y se percata de la situación encara al doctor preguntándole por qué lo ha hecho a lo que éste responde, “no podía hacer otra cosa”, enardecido el capitán refuta más o menos con estas palabras “sí, podía seguir mis órdenes” y el galeno en un acto de profundo valor da una frase que queda para la posteridad: “seguir órdenes sin pensar sólo lo hace gente como usted”.

Aquí viene la reflexión que me asaltó y quedó grabada en esta re lectura del filme: uno da por sentado que todos compartimos la posición de Ferreiro, por humanidad, por sentido común, por empatía al saber la consecuencia de ese acto. Sin embargo ¿es así? Me pregunto qué pensará alguien con una formación encausada a la obediencia a ultranza como la de los militares o la policía al encontrarse en un cine una escena y un diálogo de esta naturaleza, ¿qué sentimiento despertará en este personaje sentirse rodeado de gente que sin cuestionarlo siquiera se identifica con un pensamiento tan diferente al de él? ¿Se identificará, único entre tantos con el capitán? ¿O será que en ese momento también él simpatice con el doctor?

Esa es la maravilla de una obra como el Laberinto, que pasa el tiempo y como los buenos libros, la reencuentra uno y siempre halla algo que lo logra sorprender.

Ya en serio, venga un sentido reconocimiento al maravilloso gordo tapatío que tantas satisfaciones nos ha dado a ritmo de 24 cuadros por segundo. Que esta ola de bien merecida fama nos traiga, como las tormentas, una resaca cargada de nuevas producciones, que cualquier formato es válido cuando de disfrutar de su obra se trata.

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